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miércoles, 31 de julio de 2019

El Fantasma del doctor en la carretera




CANCÚN, Q. Roo.- Traileros y hasta automovilistas han sido testigos claves sobre apariciones fantasmales en tramos carreteros de la zona maya, donde dicen advertir la presencia de seres de ultratumba y escuchar voces tétricas, pidiendo auxilio.

Los hechos paranormales se han registrado en el periférico de la ciudad de Felipe Carrillo Puerto; en esa zona han surgido varias historias de fantasmas, pues siempre ha sido escenario de terribles accidentes.



Hace ya un tiempo, en el municipio se propagó la historia de un  trailero, comenzaba de la siguiente manera:

El conductor de un tráiler comentó que mientras transitaba ya muy de noche por la carretera de Felipe Carrillo Puerto, se encontró a un doctor en la orilla del pavimento, quien le pidió que le diera un aventón hasta casi la entrada del pueblo, por lo que el hombre aceptó.


“Empezamos a platicar, él vestía una bata blanca impecablemente limpia, antes de llegar a la ciudad, a la altura de un basurero, me pidió que detuviera el tráiler, porque se iba a bajar, le pregunté cuál era la razón por la que decidió quedarse en ese lugar tan oscuro y muy peligroso, con una voz tenebrosa, respondió: en el pueblo no me quieren me tienen prohibido la entrada".
El chofer comentó que tiempo después, al contar lo que le había ocurrido, una persona del pueblo le dijo que aquel médico, que había ayudado, llevaba mucho tiempo de haber fallecido. 

Esta misteriosa historia fue difundida a través de los años, junto con otras más; hay quienes aseguran que alguna vez vieron deambular por ahí espíritus en la obscuridad de la noche. 


Relato de Manuel Cen Balam 

viernes, 31 de mayo de 2019

La leyenda de la "Mujer Maldita" de Hunucma.




Hace unos meses me platicaron en Hunucmá sobre el fantasma de la “mujer maldita”, pues afirman que la han visto deambular y escuchar sus lamentos en varias calles de la población, cerca de donde tenía su domicilio en vida.

Cuenta la gente antigua del poblado que hace muchos años vivió en esta villa, hoy denominada ciudad, una mujer muy mala, cuyo daño quizás hasta la fecha esté pagando en el infierno.

Según se afirma, era una mujer que no tenía corazón, aunque era muy guapa, decían que no era de Hunucmá, sino del centro del país, pero que desde niña había vivido en la villa.

Durante su adolescencia fue una joven digamos “normal”, pero conoció a un muchacho del cual se enamoró perdidamente, sólo que él era muy mujeriego, y a pesar de que las amigas de ella se lo advirtieron, se le entregó a cambio de la promesa de que pronto se casarían.

Al poco tiempo la joven quedó embarazada y cuando con toda ilusión le fue a darle la noticia a su amado, éste no sólo no cumplió con casarse con ella, sino que le dijo que todo era culpa de ella y que no respondería en lo más mínimo por una criatura que a lo mejor ni era de él.



Sin duda que este tipo era todo un sinvergüenza, pero lejos estaba todavía de saber qué tanto perjudicaría con su actitud a la joven, quien desde ese momento se volvió muy amargada y agresiva con todos, hasta con su papás, que a pesar de todo la apoyaban.

Juró matar a su bebé
De hecho, un joven matrimonio que no podía tener hijos se ofreció para atender a la criatura que en unos meses vendría a este mundo, pero ella no solo se rehusó sino que juró que apenas naciera el niño lo mataría con sus propias manos, pues tenía sangre de un amor maldito.

Durante todo el embarazo ella continuó aferrada a esa macabra idea, y de nada sirvió que sus tíos, otros familiares e incluso el párroco del pueblo fueran a verla para hacerle entender que estaba mal lo que pensaba.

A pesar de ello, sus papás no perdían la esperanza de que al nacer la criatura, ella cambiaría de idea, sabían que probablemente no lograrían convencerla de quedarse con el niño, pero al menos lo podrían adoptar y evitar que esa mujer de corazón envenenado le hiciera ningún daño.



Transcurrió el tiempo y ocurrió lo que tenía que pasar. Una mañana del mes de junio empezó a sufrir de intensos dolores en el vientre, por lo que llamaron a la partera, la cual vivía cerca de ahí.

La muchacha sin corazón dio a luz a una niña, la cual nació sin ningún problema, era muy bella y los abuelos quedaron de inmediato encantados con la criatura.


La joven, extenuada, se quedó dormida todo ese día pero al amanecer, cuando los papás entraron a su cuarto para ver cómo estaba, descubrieron una escena que les hizo pegar un grito a ambos.

Cumplió su promesa
Su hija ya había despertado y cumplido su promesa: estranguló con sus propias manos a la inocente bebé y la había tirado a un cesto de basura que estaba junto a su tocador.

Sus padres no daban crédito ante la espantosa escena, ya no había nada qué hacer, el cuerpo de la niña estaba rígido y frío, ya tenía algunas horas de haber acontecido ese crimen.

La cosa no paró ahí, era tal la maldad de esa joven por lo que le había hecho ese muchacho, que cuando se enteró de que la hermana del joven se había embarazado, como pudo entró a casa de ésta pocos días después de que diera a luz para estrangular también a ese inocente bebé.



La muchacha sin corazón fue internada en un manicomio en Mérida, pero por años la gente que pasaba por la casa donde ocurrieron los crímenes decía que se escuchaban los llantos de los niños y de esa joven, conocida como “la mujer maldita”, de quien se afirma, al morir, empezó a manifestarse como alma en pena pidiendo perdón por lo que hizo.

DERECHOS RESERVADOS JORGE MORENO/ GRUPO SIPSE


jueves, 25 de octubre de 2018

El huay k'ek'en (cerdo embrujado)




CUENTA MI ABUELO QUE hubo un tiempo en el cual gente diabólica solía hacer rituales malignos, como invocaciones al diablo, dar nueve volantines de manera consecutiva a las doce de la noche, que convertiría a éstos en animales terroríficos.

Mi abuelo fue protagonista de un hecho que a continuación escucharán:

Por las noches mi abuelo en su juventud, se reunía con sus amigos para disfrutar lo que hoy en día nosotros los jóvenes llamamos LUZ Y SONIDO; sólo que en aquel tiempo lo que hacía mover el cuerpo e impartía música era el fonógrafo, a partir de las diez de la noche comenzaba el ambiente y al sonar el último campanazo característico de la media noche todo terminaba, porque un animal, grande por cierto y muy distinto a los marranos comunes, interrumpían en intenso ruido del fonógrafo con un espeluznante grito, casi como el de los marranos cuando tienen hambre, sólo que éste era más fuerte e intenso; penetraba en los oídos y hacía que los corazones intensificaran aún más su latir común.

Esto sucedía todas las noches, pero sin faltar una; hasta que un día mi pariente y su amigo tomaron unas piedras y antes de la media noche se treparon en un árbol que se encontraba por el camino por donde el cerdo por varias noches seguidas cruzaba y ellos pretendían impactar las piedras en el cuerpo del diabólico; sin embargo el miedo les ganó y además el monstruo cruzó como alma que lleva el diablo y esto complicó aún más el supuesto susto que los jóvenes pensaban darle. Al día siguiente por la noche, parecían estar más decididos e hicieron lo mismo, se treparon en el árbol con piedras en las bolsas y entonces, al mismo tiempo, al ver que el animal se aproximaba arrojaron las piedras hacia el cuerpo del animal que velozmente cruzaba. Ambos acertaron y el animal al sentir el proyectil no buscaba quién se las hizo sino quién se las pague, así que la bestia se echó a correr entre los arbustos y pisoteaba plantas, brincaba cercas, etc...

Con ello mi abuelo y su amigo pensaron haberse deshecho de la sombra del ser diabólico, pero la necedad del maligno era tan grande que por la noche siguiente regresó al mismo lugar con su característico grito, los muchachos se alarmaron, porque habían pensado que el cerdo embrujado no volvería a hacer acto de aparición por esos rumbos. Y al amanecer siguiente mi abuelo consultó con su padre ¿qué podré hacer? pero antes ya había contado lo que por noches seguidas acontecía, mi abuelo al igual que los demás muchachos ya sabían que se trataba de un cerdo embrujado (HUAY K'EK'EN) y mi bisabuelo le dijo que comprara cartuchos nuevos y les hiciera una cruz a cada uno con una lima y que por la noche coloque tres en su carabina y que cuando vea venir al mamífero tire a matar y luego se quitara; y así lo hizo, dio en el blanco y el marrano como pudo se fue. Mi abuelo y su amigo siguieron al cerdo por medio de la sangre que el animal regaba producto del impacto de bala, sólo que al llegar a la carretera se perdió la sangre y ellos no quisieron saber más nada.

Al ir a desayunar a una fonda la hija del dueño llegó y le dijo a su padre:

-¡Papá se murió don Cobá!

Coba era un viejo brujo que residía desde hace años en aquel poblado llamado Lan Pato y al parecer nadie sabía si aún practicaba sus brujerías.

-¿Cómo murió hija? -preguntó el señor.

Dicen que lo balacearon, dice su mujer que cuando llegó a su casa en la madrugada tenía heridas de bala en su costilla y en la pompa izquierda. -Contestó la mujer.

-¡Qué mala suerte hija! tan buena persona que parecía, ni modos así es la vida.

Mi abuelo y su amigo supieron en aquel momento quién era el hombre maligno que acechaba y asustaba a la gente por las noches de baile. Decidieron callar el secreto durante un par de décadas y ahora cada uno lo relata como una anécdota más de su juventud. Ellos dicen que si aquel animal te llegara a chocar no lo cuentas más que en el hospital o quizás en el paraíso.

* Versión: Marcelino Uc Aké (n. 1909). Calkiní, Cam.



Fuente:  Leyendas y Tradiciones del Camino Real. José Domingo Uc. SECUD, CONAFE, PAREB. Campeche, Cam. 1996. 76 p.

jueves, 6 de septiembre de 2018

La leyenda de la Procesión de las ánimas




Todavía no he podido olvidar del viejo Puntarenas una extraña leyenda que mi abuelita en la tertulia familiar, nos contara un día a sus nietos una tarde de lluvia.

Hoy, evocando su recuerdo muy querido para mí, he venido a recordar los tristes pasajes de ese cuento de superstición, que tanto miedo nos causó a la hora de irnos a dormir.

Contaba la abuelita que ella todavía pudo conocer, aunque ya muy anciana, a doña Manuelita Canales, la persona más importante de esta historia, la cual debió acontecer muy a principio del siglo que pasó.

Doña Manuelita era una santa mujer; sumisa a su esposo don Camilo Briceño, bastante mayor para ella, tenía el puesto de Guarda nocturno en la antigua casa de Aduana y Agencia de Barcos “Ansaldo y Co”. No tenían hijos pero aún así eran muy felices.

Sin embargo esta felicidad vino a menos, y el asunto casi le cuesta la vida a doña Manuelita, que se vio en alitas de cucaracha para que no se fuera al hueco. Y el motivo lo ocacionó la extraña y disparatada ocurrencia que el matrimonio tuvo de variar los métodos de vida que normalmente tienen los cristianos en todo el mundo.

Figúrese -nos decía la abuelita- que como el trabajo del marido era solo de noche, resolvieron variar los tiempos de comida y también los demás menesteres de un hogar corriente. De esta suerte, a las cinco de la tarde se levantaban de la cama, tomaban su desayuno, y en tanto don Camilo se iba a su trabajo, su mujer a sus quehaceres domésticos cotidianos, que antes solía hacer de día.

La gente gozaba con ellos, pero como eran tan buenos, nadie se metía a molestarlos y hay la iban pasando, ni envidiosos ni envidiados como dijo el poeta.

A las once de la noche le llevaba a su marido el almuerzo, a las tres de la madrugada un cafecito caliente con chilasquilas bien fritas, a las seis lo esperaba a comer y las ocho de la mañana se acostaban a dormir.

Así pasaron algunos meses y cuando ya se iba haciendo un hábito en ellos ese cambio en sus costumbres, he aquí que vino a ocurrirles lo siguiente:

Estaba doña Manuelita como a las doce de la noche un poco apurada en el lavado, restregando un poco de ropa en el patio, cuando oyó en dirección de la calle un rumor de gente rezando.

Extrañada y curiosa, salió a la puerta en el preciso momento que pasaba frente a su casa una procesión de gentes enlutadas. Iban rezando, llevando una cruz pequeña en una mano y en la otra una vela de esperma o de semillas de higuerilla, que eran las candelas de antaño.

Al cerrar su puerta una de aquellas personas le dijo tome, y le entregó una candelita.

Como estaba tan ocupada, distraídamente puso la vela por ahí un momento en un rinconcito atrás del baúl y se fue a hacer sus quehaceres. Dos días después volvió a ocurrir lo mismo y también una tercera y cuarta vez, y como en la primera ocasión, le entregaban la velita y ella la guardaba en el mismo rincón.

Un día amaneció, o mejor dicho atardeció enferma doña Manuelita y su marido la llevó al médico, pero como pasaba el tiempo y las medicinas no le hacían bien y estando sumamente delicada de salud, por consejo de las amistades don Camilo la llevó al sacerdote para que la confesara “por si acaso”.

En realidad doña Manuelita estaba muy malita y el señor Cura creyó más conveniente suministrarle los Santos Oleos a fin de que en su ausencia no fuera a morir en pecado mortal.

Como el aposento estaba un poco oscuro pidió a una vecina que estaba ahí una vela, pero no encontrándose una a mano, le preguntaron a la enferma por el lugar donde solía guardarlas corrientemente, a lo cual ella señaló con el dedo el sitio donde tenía las que le habían regalado anteriormente en las procesiones.

La vecina hizo lo que se le ordenó, pero no encontró nada.

Aquí solo hay unos “huesitos” dijo y la ropa recién lavada de la señora.

Extrañado el señor Cura tomó en sus manos uno de aquellos huesos y al comprobar que eran humanos, se horrorizó y tirándolo a un lado hizo la señal de la cruz y se santiguo.

Sin poder explicarse aquello, el sacerdote procedió de inmediato a confesar a la enferma revelando ésta la rara procedencia de esas piezas humanas. Explicando luego su caso.

Manuela, le dijo, no puedo absolverte en nombre de Dios, Nuestro Señor, si no vas al cementerio a devolver eso.

Ya ve doña Manuelita, lo que le pasa por variar sus costumbres. Esa procesión que Ud. vio pasar es la procesión de las ánimas benditas, que salen todos lo lunes, a las doce de la noche y mientras no devuelva esos huesos las ánimas le estarán inquietando siempre y no podrá vivir o morir tranquila. Levántese como pueda y vaya al cementerio a enterrarlas y que Dios le dé fuerzas.

Gran revuelo causó eso entre el vecindario y una señora ya muy mayor le aconsejó a la enferma que se hiciera acompañar por dos niñitos, porque eso le ayudaría mucho para conseguir indulgencia. Doña Manuelita hizo todo lo que le aconsejaron y como en realidad ella era una buena mujer, no faltaron personas caritativas que le acompañaron en su triste misión al camposanto.

Y dicen algunos, que estuvieron presentes a la hora de enterrar los despojos que cuando echaba el último puñado de arena se escuchó una voz de ultratumba perdonándola.

viernes, 10 de agosto de 2018

Los Aluxes y el enano de Uxmal.



Los Aluxes



Los aluxes son seres pequeños, creados antiguamente con barro virgen que debían dejarse en lugares ocultos para proteger. Los aluxes (se pronuncia alushes), tenían un vínculo muy fuerte con su creador. Una vez que eran elaborados, se les hacía oraciones y ofrendas para que cobraran vida.

Los aluxes tenían la particularidad de ser fieles con sus dueños y traviesos con sus desconocidos. Cuando las propiedades de los creadores originales pasaban en manos de otros propietarios, los aluxes se hacían visibles para asustar a los niños. Para complacerlos, los nuevos dueños tenían que regalarles comida, cigarrillos, miel o pozol.

En la actualidad, los aluxes todavía cuidan las tierras de los pueblos mayas. Algunos ejemplares originales se encuentran en los cenotes de Dzitnup y Samulá, cerca de Valladolid. Sin embargo, existe la creencia de que los aluxes salen al mundo como seres de luz. Pocas personas los ven porque son hábiles y ligeros como el viento. Si los sabes respetar, ellos protegerán de ti y cuidarán tus propiedades.   



El Enano de Uxmal.



Uxmal se pronuncia “ushmal”. Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo vivía en una ciudad maya una anciana mujer que trabajaba en el oráculo de la ciudad. Como no podía tener hijos, pidió al Dios Chic Chan que buscara el cascarón de una tortuga gigante. Unos meses más tarde nació un enanito color verde con el pelo rojo.

Un día el enanito decidió fabricar una jícara muy grande, que le serviría como especie de sonaja. La profecía decía que aquel que tocara un instrumento similar, cuyo sonido fuera escuchado en el Mayab, sería convertido en el nuevo rey. Sin embargo, el rey que ocupaba el trono se enfureció y retó al enanito a someterse a un duelo.

El rey le puso tres pruebas. En la primera, le pidió al enano que le dijera el número total de árboles en su palacio. El enano acertó: cien mil y dos veces setenta y tres. La segunda prueba consistió en traerle un guajolote macho para que pusiera huevos. Al día siguiente, el enano le trajo a un hombre con apariencia de estar embarazado, para probar que era imposible hacer lo mismo con el guajolote. Los jueces lo dieron por ganador de la prueba. En la tercera prueba, a Saiya se le colocaría una especie de nuez dura sobre la cabeza y ésta sería quebrada con una punta de lanza. No sólo acertó a la prueba, sino que el enano le pidió que el rey se sometiese al mismo experimento. El rey por soberbia no sobrevivió. Y así, el enanito fue proclamado rey.

Cuando el enano fue rey pudo construir el famoso templo “la casa del gobernador” y una casa para su madre que llamó “la casa de la anciana madre”. Ambas construcciones se pueden apreciar en Uxmal.

lunes, 31 de octubre de 2016

El origen de la mujer "Xtabay"


En la Península de Yucatán existe una bella flor llamada Xtabentún que perfuma las ceibas de la región del Mayab... hoy presentaré la leyenda acerca de su origen.

En cierta región vivían dos mujeres cuya naturaleza y carácter era totalmente opuestos. Xtabay, una de ellas; era realmente bella, aunque el pueblo la llamaba Xkebán, que significa 'prostituta'.

Era una joven llena de pasión, seductora y que ofrecía su amor a cualquier viajero, sin importarle lo que opinaran de ella; siempre se mostraba amable y alegre ante cualquier circunstancia.

Muy cerca de su hogar vivía otra joven llamada Utzcolel, que quiere decir buena y decente mujer; la dama era virtuosa, recta y honesta. Todos en la región sabían que no era capaz de cometer ningún desliz o pecado ni con el pensamiento. Las dos jóvenes eran muy parecidas en su belleza corporal.


Sin embargo, tenían su corazón muy distinto. Xkebán ayudaba a los enfermos y desamparados, sin importarle tener que caminar grandes distancias para poder llegar hasta ellos. Continuamente se le veía despojarse de sus más valiosas y preciadas prendas para cubrir a los demás.

Soportaba humildemente los insultos de la gente que no la conocía del todo, pues la tachaban de pervertida.

En cambio, Utzcolel era fría y orgullosa, de corazón tan duro que sentía repugnancia por el pobre. El color verdoso de su piel semejaba a una venenosa serpiente, y aunque siempre fue virtuosa no ocultaba su egoísmo.


Un dulce aroma

Un día, los habitantes del pueblo no vieron salir de su casa a Xkebán y creyeron que andaba ofreciendo su cuerpo y sus pasiones por otros lugares. Transcurrieron algunos días sin que Xkebán apareciera, hasta que cierta tarde, en esa región del Mayab, la gente comenzó a percibir un fino y dulce aroma de flores; se trataba de un perfume tan delicado y exquisito que los pobladores siguieron su rastro. 

El aroma los llevó hasta la casa de de Xkebán, a la que encontraron muerta. Dentro del cuarto, el sopor y los vapores aromáticos que expelía su cuerpo frío eran de lo más extraordinario, pero fue más sorprendente encontrar a Xkebán acompañada de los animales de la región: venados y aves multicolores que velaban su cuerpo.

Cuando Utzcolel llegó hasta la morada de la pobre difunta, gritó y maldijo: "No creo que de un cuerpo tan corrupto como el de Xkebán emane estos dulces perfumes."

Señaló que de ella sólo podía emanar podredumbre, y que ese aroma no era más que algo relacionado con los malos espíritus y que en aquella morada estaba presente el dios maligno.

Añadió "Si de una mujer tan mala y perversa escapa ese perfume, cuando yo muera, el olor que despedirá mi cuerpo será mucho más aromático y agradable."

Sólo un grupo de pobladores fue a enterrar a Xkebán, más por compasión que por otra cosa. Lo sorprendente fue que, al día siguiente, la tumba estaba totalmente cubierta de flores aromáticas y hermosas; semejaba una cascada de olorosas flores, hasta entonces desconocidas en el Mayab, y así se mantuvo por mucho tiempo perfumando la región.



Hedor sorpresivo

Tiempo después murió Utzcolel. A su entierro acudió todo el pueblo, que siempre había reconocido todas sus virtudes y honestidad, admirando su pureza y virginidad. Muchos lloraron de verdadera pena.

Recordaron lo que había dicho en vida, acerca de que al morir su cuerpo exhalaría un perfume más exquisito que el de Xkebán, pero no fue así, ya que, ante el asombro de los pobladores, los restos mortales de Utzcolel comenzaron a descomponerse de inmediato; el cadáver putrefacto despedía un olor tan nauseabundo que todos los pobladores se retiraron a sus casas con el hedor impregnado en la nariz.

Hoy en día los ancianos de la región continúan relatando la historia en lengua maya. Argumentan que la flor nacida en la tumba de la joven y bella Xkebán, la pecadora, es la actual Xtabetún, la flor más humilde y bella que se da en forma silvestre. Su jugo y aroma embriagan como lo hizo en vida el amor de Xkebán.



En cambio, lo que germinó sobre la tumba de Utzcolel es el Tzacam, un cactus plagado de espinas y de mal olor, intocable y nauseabundo como el carácter y la falsa virtud de la mujer decente.

Según la leyenda, Xtabay es la mujer hermosa, inmensamente bella que acompaña al viajero en los caminos del Mayab. Al pie de la ceiba lo atrae con frases dulces de amor, lo seduce, lo embruja y, finalmente, los destruye con su falso amor a quienes han caído en su engaño.

Los cuerpos de estos incautos viajeros enamorados aparecen al día siguiente con huellas de rasguños y el pecho abierto con uñas afiladas como garras.