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viernes, 27 de marzo de 2020

La Epidemia del Tren



"La Epidemia del Tren." 
Autor: Enrique Ceballos. 

Rolando tenía planeado llevar a su pequeño hijo Mauricio a visitar a la abuela, así que tomaron el tren en la noche, el cual siempre estaba abarrotado de personas que viajaban a esa hora, el viaje era largo, así que Rolando se sentó cómodamente junto a Mauricio, para disfrutar del paisaje, ya que pasarían por lugares en donde solo había vegetación, o lugares desérticos, túneles y demás.

De entre tantas personas que subían al tren, Rolando observó a una mujer que entraba con un niño mas o menos de la edad de Mauricio que era de 12 años, lo que era extraño fue que este niño estaba visiblemente enfermo, tenía la mirada perdida, estaba pálido, y se veía débil, pero a pesar de eso, había momentos en los que el niño reaccionaba algo violento y hacia ruidos, pero su mama rápidamente le daba una especie de medicina y lo calmaba.

Rolando dejo de prestar atención al extraño caso, y decidió dormir junto a Mauricio, ya que estaba entrada la noche y casi no se veia nada hacia afuera de la ventana, todo era oscuridad, muchas otras personas del tren también dormían.

Pero su sueño fue bruscamente interrumpido, ya que el niño enfermo había despertado gritando como loco, y esta vez su mama no podía calmarlo, la mama pidió ayuda a los trabajadores del tren, para poder llevar al niño a la parte de atrás del vagón, para no seguir molestando a los demás pasajeros, el niño parecía tener mucha fuerza, así que lo sujetaron entre su mama y varias personas, Rolando y Mauricio miraban aterrados como aquel niño parecía querer asesinar a su madre a los ayudante, mientras lo llevaban hacia atrás, el niño logró aruñar a su madre en la cara, a lo cual ella gritó de dolor, solo se pudo ver como desaparecían entre las puertas que daban al otro vagón.



Los pasajeros trataron de olvidar el asunto, pero al cabo de unos minutos, se escucharon unos ruidos y gritos que provenían del vagón de atrás, a lo que todos reaccionaron asustados, era como una especie de lucha, luego un grande y siniestro silencio……para luego vero como madre e hijo, salían corriendo como locos del vagón trasero con sus bocas derramando sangre, unos ojos amarillos, gritando y actuando muy violentamente, se fueron encima de los primeros pasajeros que tenían a su alcance, mordiéndolos y atacándolos, con cada mordida arrancaban trozos completos de carne, se produjo una histeria colectiva dentro del tren, ya que muchas personas estaban muriendo.

Rolando tomó a Mauricio, el cual estaba temblando del susto y logró esconderlo debajo de un asiento, todas las personas se fueron hacia adelante, tratando de huir de la pareja de locos, pero del vagón, también salieron los ayudantes con idénticas características y empezaron a atacar a toda la gente, Rolando comprendió que era una especie de epidemia transmitida por alguna enfermedad que el niño contrajo y llevo al tren, pero lo peor era que cada vez mas personas volvían a la vida después de ser atacadas, también convertidas en esta especie de «zombies» pero con una fuerza brutal, Rolando tuvo que abandonar a Mauricio y corrió hacia adelante para alertar a los conductores del tren, pero la avalancha de personas tratando de huir era tanta que un golpe en la cabeza, y luego un pisotón dejo a Rolando desmayado en el piso por unos minutos…

Para cuando Rolando recobró el conocimiento, pudo ver que ya no quedaba nadie con vida en el tren, todas las personas se comían unas a otras, todo era un infierno, Rolando estaba preocupado por Mauricio, pero pensó que tal vez no lo encontrarían en donde estaba, así que antes de ir a verlos, se empezó a arrastrar por el piso con mucho cuidado, para que los locos no se dieran cuenta de que aun vivía, el estaba cubierto de sangre así que eso le ayudo a no ser detectado tan fácilmente y llegar hasta la cabina del tren, para intentar detenerlo, ya que seguía a toda velocidad, sin que nadie se diera cuenta, llego y le dijo a los conductores:



Señores!! detengan este tren, que acaso no ven todo lo que ha sucedido?, debemos pedir ayuda, antes de que nos asesinen a nosotros también….tengo que salvar a mi hijo que deje escondido allá detrás….

Pero sus palabras fueron cortadas cuando uno de los conductores se voltea y con unos ojos amarillos que brillaban en la noche, con una mordida en el cuello y babeando sangre le contestó:

Por favor Señor, regrese a su puesto, este tren se dirige al infierno, en ese acantilado de allá adelante, caeremos, y entraremos todos a un nuevo mundo de dolor y desesperanza…..no se preocupe, usted también se nos unirá….

Rolando sintió un escalofrío en todo su cuerpo al ver que era demasiado tarde; ya todos estaban infectados, al ver que no había otra salida, intento regresar a buscar a Mauricio….pero al girarse..alguien ya lo esperaba.

-Hola papa, me buscas?…..le dijo Mauricio ya infectado con la enfermedad, y se lanzó al cuello de Rolando para asesinarlo.

-Adiós querido hijo….fue lo último que pudo decir Rolando, antes de que el tren se descarrilara por el acantilado, y escuchar las risas de todos mientras el caía por el aire….

Al día siguiente, policías y paramédicos estaban en el lugar del accidente, buscando sobrevivientes, un policía se separo un poco del grupo, y entre los escombros, encontró a un agonizante Rolando, quien sin darle tiempo lo mordió en la mano, el policía se asusto y grito de dolor, disparándole en la cabeza terminando con Rolando, luego el policía, herido e infectado, regreso sin decir nada de lo sucedido, junto con su escuadrón…..




miércoles, 1 de enero de 2020

Nunca abras la puerta en Año Nuevo




Estaba celebrando Año Nuevo con un amigo cercano cuando tocan la puerta de la casa. Me dirigí hacia la puerta para ver quién era, la abrí y era mi amigo de la infancia, su pelo estaba canoso por el paso del tiempo y tenía marcadas las arrugas de la frente. Lo invité a pasar y él se sentó en una de las sillas de la habitación, saludó a mi acompañante y comenzamos a conversar.

—¿Les cuento una historia de terror de Año Nuevo? —preguntó, Rafael, que así era como se llamaba mi mejor amigo. Asentimos con la cabeza y comenzó— Un día como hoy, una familia estaba celebrando el Año Nuevo…igual que hoy. Estaban comiendo el gran banquete que tenían de cena cuando llaman a la puerta. La madre se levanta de la mesa y se dirige a la entrada para ver quién podría ser, tal vez un amigo de la familia o algún pariente, pero no era así; la mujer abrió la puerta y se encontró con un hombre viejo y robusto; éste sostenía un cuchillo carnicero en las manos. La señora soltó un grito a lo que sus hijos completamente alarmados fueron hacia donde se encontraba ella y también vieron al hombre. Éste les dijo que tenía una misión que realizaba todos los Años Nuevos a la misma hora; esa misión era…decapitar a todas las personas que estuvieran dentro de una casa determinada, y esa vez…era el turno de ellos. El hombre tomó a la mujer por los brazos y la sentó bruscamente en una silla. Ella usó todas sus fuerzas para poder escapar de ello pero todo resultó en vano; al cabo de un rato se halló atada en la silla. El hombre hizo lo mismo con sus hijos.



De pronto se comenzaron a escuchar pisadas provenientes de la escalera, el hombre se dio la vuelta y allí se encontró con el papá de la familia. Mantuvieron una pelea a combos y patadas por al menos veinticinco minutos, pero ésta se acabó cuando el viejo agarró su cuchillo con fuerza para atravesar el estómago del hombre; luego tomó el rodillo de cocina de la señora, que no estaba muy lejos de su alcance y con éste le dio una fuerte golpiza al herido, haciendo que quedara inconsciente. Su esposa no hacía nada más que gritar y llorar desesperada por lo que le acababa de ocurrir a su marido, igual hacían los niños, que no tenían más de seis años de edad. El hombre se acercó al cuerpo inconsciente con su cuchillo en la mano y lentamente lo fue presionando contra su cuello hasta que al fin la cabeza se logró despegarse de él, dejando un gran charco de sangre a su alrededor. El asesino se acercó a uno de los niños, al más pequeño para ser precisos; éste lo miraba con cara de inocencia, pero ni siquiera por eso el hombre tuvo un poco de compasión. La madre gritaba desesperada, no podía hacer nada para salvar a su hijo, y él estaba ahí, siento decapitado por un hombre al que nunca le había causado  ningún daño; después de un momento, vio la cabeza de su pequeño caer al suelo; el viejo hizo lo mismo con el otro niño. La madre ya no lloraba… había perdido las tres cosas que más quería así que estiró el cuello y se dejó decapitar. El hombre recogió  las cuatro cabezas, las metió en una bolsa y luego, la bolsa, dentro de una mochila que traía en la espalda, luego de eso…se marchó… ¿Les gustó la historia? preguntó. 



—Si —dijimos mi acompañante y yo al unísono.

—Pues me alegro —dijo Rafael— porque este es el turno de ustedes

—¿Estás de broma, verdad? —dije fingiendo una risa y dándole un golpecito en el brazo.

—Lo siento, pero no —sonrió maquiavélicamente y me quedé petrificado mientras veía como se abalanzaba hacia mi amigo y lo acuchillaba para luego matarlo y cortarle la cabeza—. Ahora te toca a ti —Comenzó a acuchillar mis piernas, luego mi abdomen, mis intentos de liberarme eran en vano ya que él tiene mucha más fuerza. Ahora, siento como el cuchillo penetra en mi garganta y cierro los ojos lentamente…

Autor: Desconocido de un portal Famdom. 

Feliz año nuevo 2020. 

lunes, 18 de noviembre de 2019

Una aparición de Juan Del Monte




CAMPECHE.- Esta es la historia de dos amigos que viajaron a una comunidad campechana llamada Estado de México y se toparon con el ente conocido como Juan del Monte.


Este espíritu protector de la selva tiene varios nombres según la región: Juan Tull, Juan Conejo o Juan del Monte.


Gustavo y su amiga Geraldine viajaron a esta remota comunidad para revisar unas hectáreas que el padre de Gustavo le había heredado y tenían sembrados arboles frutales; para llegar al lugar tuvieron que viajar primero a Escárcega de ahí tomar un camión a Candelaria y posteriormente un taxi a la comunidad Estado de México.

Los amigos pasarían la noche en la casa de una prima de Gustavo que había dejado atrás la comunidad para trabajar en Playa del Carmen, la casa se encontraba cerrada y empolva. Al llegar el joven le dijo a Geraldine que en la noche se escuchaban llantos de una mujer cerca del río pero ella solo comenzó a reír pensando que este trataba de asustarla.



Gustavo tomó la camioneta que su prima había dejado y le dio una pequeña vuelta por el pueblo, el cual por cierto no era muy grande, tendría alrededor de 300 habitantes, lo espectacular de este sitio es atardecer, cerca de el río.

Al caer la noche regresaron a la casa que se encontraba rodeada de selva, la noche no dejaba ver nada más que el cielo completamente lleno de estrellas.

Todo comenzó cuando Gustavo, vio una luz blanca y  quiso seguirla, pero su amiga lo detuvo al decirle que había escuchado un rumor sobre la existencia de los aluxes  en la zona, que trataban de perder a los visitantes. Sin embargo entre bromas le dijo al joven que fueran a investigar.


"Vamos por un machete e investiguemos, lo peor que puede pasar es que sean cazadores y nos den un balazo", comentó Geraldine.

Para la sorpresa de ambos,  al voltear la luz ya había desaparecido, por lo que  Gustavo entró a la casa por el temor de ser atacada por un rato.

Cuando se disponían a dormir la joven vio en una esquina del cuarto una sombra que parecía la de un hombre acechándolos, medía alrededor de dos metros, sin embargo decidió no mencionar nada.


Al día siguiente que ella despertó,  vio a Gustavo sentado en la cama con la piel pálida y con una mirada de miedo en los ojos, le preguntó que le había pasado y el respondió que tuvo una pesadilla muy fea en donde la sombra de un hombre en la esquina de aquella habitación lo atemorizaba.

Mencionó que a Geraldine la había arrastrado hacía la selva y él había sido golpeado con mucha furia, ella se asustó y le contó lo que había visto.

Un habitante del pueblo los vio, sonrió y les dijo- ¿lo vieron verdad ? y ellos dijeron ¿a quién señor? - a Juan del Monte debieron pedir permiso y avisar de su visita para que nos los asustara, él se asegura que cada persona que entra a la selva no la dañe.






martes, 30 de julio de 2019

La bruja Bell, un ente asesino




Estados Unidos.-En Red River, Tennessee, Estados Unidos se ubica un sitio muy especial y aterrador la Granja Bell. Esta granja es conocida por ser el único caso documentado donde un fantasma logró matar a una persona. Esto sucedió entre 1817 y 1821, cuando la familia Bell vivió aterrorizada por el diabólico espíritu de una mujer.

La realidad es más escalofriante que la ficción. El mal irrumpió en escena, por sorpresa. La Bruja de Bell se manifestó por primera vez en un pequeño y tranquilo pueblo de Tennessee, Red River, en 1817. Eran tiempos de pureza, inocencia, virtud… y de terrores innombrables para una familia cuyos miembros serán recordados como las víctimas del maleficio más importante de la historia norteamericana.




Esta aterradora presencia apareció un día en la granja con ansias de sangre. Pero, ¿qué era? ¿La encarnación del mal? ¿Un fantasma? ¿Un espíritu? ¿Una bruja? ¿Un demonio?

La leyenda es lo único en lo que podemos basar nuestras hipótesis paranormal. 

Un día de caza cualquiera, John Bell, su hijo y un amigo, se adentraron en el bosque en busca de presas sin saber que en esta ocasión… las presas eran ellos. Una densa niebla cubrió el bosque como una manta. Una figura misteriosa se movía rápidamente entre los árboles, confundiendo a los atentos cazadores. De repente, una criatura amenazadora se materializó de la neblina y se lanzó violentamente contra John. Con el rifle cargado, éste disparó a la bestia pero la criatura se esfumó tan rápido como había aparecido.


La Granja Bell



Ese fatídico día, los extraños ruidos comenzaron a escucharse en casa de los Bell. Parecía que alguien estuviera arañando y golpeando las ventanas. El suelo de madera crujía bajo el peso de pisadas invisibles, como si alguien, o algo, estuviera moviéndose por la casa. 

Repentinamente, una terrorífica presencia apareció en el dormitorio de su hija, Betsy. Le arrebató las mantas y susurró su nombre con una voz que erizó todos y cada uno de los pelos del cuerpo de la joven. Al principio, la familia intentó convencerse de que estos miedos eran causados por pesadillas terroríficas. Pero ese no era más que el principio. El maleficio creció más allá de cualquier explicación lógica y razonable.

Una noche los padres de la joven, subieron corriendo las escaleras y se encontraron a Betsy luchando por su vida mientras era arrastrada violentamente por el suelo por un ser invisible con una fuerza sobrehumana, que le arrancaba el pelo del cuero cabelludo. Suspendida en el aire, Betsy fue abofeteada, golpeada y maltratada, mientras su madre, su padre y sus amigos observaban con horror lo que ocurría, sin poder detener la paliza.



Las noticias del maleficio se difundieron, hasta que un conocido de la familia, y futuro Presidente de EEUU, el General Andrew Jackson, oyó hablar de los espantosos hechos que ocurrían en casa de los Bell. Acompañado por un equipo de hombres de confianza, Jackson llegó a casa de los Bell para conocer personalmente al ente impuro. Y el ente dio la talla, agrediendo violentamente a Jackson y a sus hombres hasta que se marcharon presas del terror.


Este espeluznante ser atacó a la familia cada noche durante cuatro años. El fenómeno combinaba respiraciones, susurros, crujidos y gritos que iban en aumento hasta convertirse en ataques dignos de la peor pesadilla. Se presentaba repentinamente, los asustaba, los torturaba y luego desaparecía. Hasta la noche siguiente. Con cada brutal ataque, el ente se hacía más fuerte. Al final, les hablaba, se burlaba de ellos y les increpaba. Desesperados por saber quién era o cuál era el origen de estos maliciosos ensañamientos, buscaron la ayuda del residente más culto del pueblo, su amigo Richard Powell.



Toda explicación lógica apuntaba a la vecina de los Bell, Kate Batts, una mujer excéntrica, que la mayoría del pueblo consideraba una bruja. John Bell y Kate Batts eran más que vecinos. Fueron socios, aunque el negocio de tierras en el que se asociaron salió mal, y Kate se quedó con la sensación de haber sido traicionada y engañada.


John Bell y Kate Batts eran vecinos



Delante de mucha gente, Kate maldijo no sólo a John, sino a toda su familia, que entonces vivía feliz y gozaba de buena salud, incluyendo a su hija Betsy. Las agresiones se intensificaron. La joven Betsy sufría ataques constantemente mientras dormía, era golpeada, arrastrada y atacada. La familia Bell se encontraba impotente, sin poder librar a su hija de este ser ineludible. Su rendimiento escolar empeoró. Comenzó a ver visiones… Cuando todo acabó, nunca volvió a ser la de antes.

Los ataques eran cada vez más virulentos y empezaron a afectar psicológicamente a John Bell. En un terrible acto de venganza final, el ente asesinó maliciosamente a John utilizando una toxina venenosa.

A pesar de haber logrado matar al patriarca, el terrorífico ente no había acabado con la familia Bell. Juró volver siete años más tarde, y así lo hizo, con ganas. Tras esta aterrorizante visita, la bruja de Bell prometió volver una vez más, 135 años más tarde…

No sólo volvió, sino que esta vez no se marchó. Muchos de los que se acercan a visitar el hogar de los Bell aseguran vivir experiencias escalofriantes y ofrecen pruebas fotográficas de su interacción con el ente.


viernes, 10 de agosto de 2018

Los hermanos endemoniados de Illfurt




En el Sur de Francia, a dos horas de la ciudad de Mulhouse. Allí vivía la honrada familia de los Burner, el padre llamado José quien era un mercader ambulante y recorría la comarca vendiendo cerillas y yesca. Su esposa era María Ana Foltzer quien cuidaba de 5 hijos todos de muy corta edad. 

El hijo mayor Teobaldo nació el 21 de agosto de 1857, a la edad de 8 años iban a la escuela, eran niños de medio talento, tranquilos pero muy enfermizos. 

Durante el otoño de 1864 Teobaldo y su hermano José cayeron víctimas de una dolencia misteriosa que los postró en cama, tanto el primer médico como los demás que posteriormente los revisaron no pudieron diagnosticar lo que tenían ambos hermanos. Ninguno pudo decir el mal que los aquejaba. 

Teobaldo empezó a adelgazar en demasía hasta parecer un espectro ambulante. Pero a partir de septiembre de 1865 se empezaron a ver en los hermanos fenómenos asombrosamente anormales. Echados de espaldas se volvía y revolvían como una peonza, con rapidez vertiginosa. 

Después se ponían a golpear sin descanso el armazón de la cama así como los demás muebles con una fuerza asombrosa. Si se les preguntaba respondían entre espasmos y convulsiones de tal postración que permanecían durante horas enteras como muertos, sin hacer el menor movimiento rígidos como cadaveres. 

Muy a menudo fueron presa de un hambre imposible de calmar. El bajo vientre se les hinchaba a los pobres niños y se les formaba como una bola o un animal moviéndose dentro de su vientre de arriba a abajo. Juntaban sus rodillas como varillas duras y nadie podía separarlas una de otra. 

Durante este tiempo se le apareció a Teobaldo unas treinta veces un fantasma extraordinario, al que llamaba su amo. Tenía cabeza de ánade, uñas de gato, pies de caballo y el cuerpo de plumaje sucio. En cada aparición el fantasma volaba por encima de la cama y amenazaba ahogarlo. Teobaldo, aterrorizado, se arrojaba hacía el y le arrancaba puñados de plumas, que entregaba a los muchos circunstantes estupefactos.

Ocurría esto en pleno día, en presencia de un centenar de testigos, entre los cuales había personas respetables, nada crédulas, dotadas de gran perspicacia y pertenecientes a todas las clases sociales. Todos pudieron convencerse de la imposibilidad de superchería alguna.

Las plumas despedían olor fétido y, cosa singular, quemadas no dejaban cenizas.

A veces una mano invisible levantaba a los niños junto con las sillas de madera en las que estaban sentados; ya en el aíre, los niños eran lanzados a un lado, mientras las sillas volaban hacia el lado opuesto.

En otra ocasión sintieron por todo el cuerpo gran comienzo y dolorosas picaduras, y de debajo de sus vestidos sacaron tal cantidad de plumas y de algas que el suelo quedó cubierto enteramente. Aunque se les mudase camisas y vestidos, era inútil: plumas y algas reaparecían siempre.

Esas terribles convulsiones y toda suerte de malos tratos redujeron a los niños a tal estado que fue preciso hacerles guardar cama. Sus cuerpos se hinchaban de mala manera. Se encolerizaban violentamente, eran presa de verdadero furor cuando se les acercaba alguien con un objeto bendito, un crucifijo, una medalla, un rosario. Ya no rezaban; los nombres de Jesús, María, Espíritu Santo, etc, pronunciados por los presentes les hacían estremecer y temblar. Fantasmas, sólo de ellos visibles, llenándose de miedo y espanto.

Miedo y espanto se habían apoderado también de los padres, testigos contristados de esas terribles escenas, impotentes para remediarlas.



Diariamente crecía el número de vecinos y visitantes que llegaban de todas partes, de cerca y de lejos, porque la noticia se divulgó muy pronto y todo el mundo quería ver a los infelices niños. Todos quedaban estupefactos. ¿Qué es lo que había ocurrido?

Vivía entonces en Illfurt una vieja, pobre, mal conceptuada, a la cual por su mala vida habían expulsado de su aldea natal. Diciéndose que los dos niños comieron una manzana que la vieja les había dado. He aquí el comienzo de la enfermedad misteriosa. Tal era, a lo menos, la explicación dada por los espíritus que se decía residían en los pequeños. Sea de ello lo que fuese, si realmente se trataba de espíritus no se tardaría en conocer la naturaleza de estos, porque el árbol por sus frutos se conoce.

Durante horas enteras los dos niños permanecían tranquilos, en estado de gran apatía. Súbitamente cambiaban de actitud, poniéndose nerviosos, excitados, gesticulaban y gritaban sin parar. Su voz no era entonces voz infantil, sino de hombre, fuerte, áspera, ronca. Tenían la boca habitualmente cerrada; era, pues, evidente que otros, seres invisibles, y no ellos proferían aquellas palabras y lanzaban aquellos gritos. Durante largas horas gritaban sin descanso: Nudeln (especie de pasta alemana parecida a los fideos, pero de gusto y aderezo muy diferente), Knoepfeln (ravioli) y otra jerga de cocina. Era para volverse loco y los pobres padres no sabían que hacer.

Un día se le ocurrió a Burner, padre, decirles: “Gritad, hijos míos, gritad aún más fuerte, en nombre de la Santísima Trinidad”. Esto bastó para obtener silencio.

Lo que principalmente sorprendía a los testigos de esas escenas, era el miedo que los niños sentían en presencia de objetos benditos, su violenta oposición a la Iglesia, a la oración, a los oficios divinos; las blasfemias abominables que proferían, las expresiones groseras que dejaban salir con frecuencia de sus labios sin haberlas oído jamás.

Hablaban las más diversas lenguas; respondían con facilidad en francés, en latín, en inglés y hasta comprendían los dialectos franceses y españoles.

No es de maravillar, pues, que todo el mundo desease ver a las pobres víctimas y que las autoridades civiles y eclesiásticas se interesasen por ellas e hiciesen examinar minuciosamente sus casos.

El Venerable Párroco del lugar, Reverendo Carlos Brey, Santo Varón y Pastor celoso, fue quien primero se compadeció de la desdichada familia Burner y sobre todo de los pobres niños. No le fué difícil descubrir el origen puramente diabólico de tales escenas. Comprendió que se hallaba en presencia del caso, raro ciertamente, de real posesión.

Aquellos hechos dio conocimiento a la Autoridad Episcopal, que designó a una comisión de tres eclesiásticos para que practicasen en Illfurt una información oficial.

El Párroco pudo contar desde el primer momento con el valioso apoyo del Alcalde, Señor Tresch, hombre de bien y abnegado, y el de las mejores familias de la localidad. No faltaban, sin embargo, quienes ponían en duda la posesión, pero eran muy pocos y los malos espíritus se mostraban muy satisfechos de ellos, al paso que sentían mucha animosidad contra aquellos que les adivinaban su naturaleza.

En especial odiaban al Párroco y al Alcalde, a Don Ignacio Spies, Alcalde de Selestado, al amigo de este, Señor Martinot, Director de la Administración Pública, también de Selestado, al Profesor Lacheman de San Hipólito, Religioso de la Congregación de los Hermanos de María. Los tres últimos habían venido de lejos únicamente para observar el caso y estudiarlo minuciosamente. 

En 1869 Teobaldo fue exorcizado por el padre Souquat, que descubrió que los demonios que poseían al niño se llamaban Oribás y Ypés. El exorcismo de José fue oficiado por el párroco Brey, que consiguió que el demonio abandonase el cuerpo del niño. Este, a cambio, le pidió permiso para poseer una piara de cerdos, tal como sucedió en el milagro de Jesucristo del endemoniado de Gerasa.


Los niños volvieron a su casa sin recordar absolutamente nada de lo sucedido ni reconocer a las personas que le habían observado.


miércoles, 26 de octubre de 2016

Jugaron a la "Ouija" en la fiesta



Hoy les transcribo un correo que recibimos de una lectora anónima quien pide que publiquemos su historia de un suceso paranormal que le ocurrió, se han cambiado algunos nombres y lugares pero el resto de los datos se publican fielmente de como los  recibimos:

Hola, me permito contarles una experiencia que le ocurrió a una amiga cuando estudiábamos en la preparatoria pero yo pude ser testigo fiel de todo y puedo corroborar que es real, es sobre la ouija, ese objeto del demonio que por desgracia se vendía antes hasta en las jugueterías de los supermercados sin ninguna restricción. 

Todo comienza cuando estudiaba en una preparatoria privada como ya había mencionado ubicada en una de las ciudades de arquitectura colonial más bonitas de México, mi amiga se llama Teresa, era muy aplicada y participaba en diversas actividades extraescolares; ambas teníamos 17 años cuando un día un compañero de nuestro salón organizó una fiesta de "halloween" en uno de los puertos más bellos de nuestra región con motivo de su cumpleaños igualmente ese día nos invitó a su casa. 

Ese día como en la mayoría de las fiestas, hubo bastante alcohol y bastante droga (para nadie es un secreto), por ello mi amiga, que no estaba acostumbrada a eso me dijo que si nos podíamos ir y le dije que claro, pues a mi tampoco me gustaba ese ambiente.

En eso estábamos cunado en la puerta nos intercepta el anfitrión y casi nos suplica que no nos vayamos, que lo mejor estaba por venir, pues harían algo "nuevo"; decidimos quedarnos con la condición de que no tuviera nada que ver con droga o alcohol.


Pues bien, en ese momento paró la música, le pidió a todos los invitados que fueran a la sala (éramos casi 25 personas) y en ese momento sacó una ouija, que según él estaba activada y podría predecir el futuro aparte del clásico contacto con los muertos.

Tres de los presentes decidieron retirarse ya que lo veían mal y no iba con sus costumbres religiosas, Teresa y yo decidimos quedarnos (ahora me arrepiento de ello) y eso es algo que hasta hoy vamos a recordar.

Fue así como inició la "sesión", se acomodaron en círculo todos y tres de ellos se pusieron a jugarla, hicieron una especie de conjuro e invocación y minutos después procedieron a hacer preguntas, las cuales "supuestamente" se iban respondiendo.

Y digo supuestamente porque la verdad eran preguntas irrelevantes y con bastante sentido común las respuestas, que podría adivinar o suponer cualquiera de los presentes, hasta ese momento dudaba que un "espíritu del más allá" estuviera respondiendo. 



Todos se turnaban para hacer una pregunta y cuando tocó el turno a Teresa me dijo al oído "ahorita vas a ver como los voy a pescar en su mentira" y lanzó una pregunta que supuestamente nadie podría responder. Entonces ella le preguntó ¿Cómo se llamaba la primera novia de mi abuelo?

De inmediato el tablero deletreo el nombre de la persona: "N-I-D-I-A"

En eso Teresa se quedo helada y empezó a temblar, se fue corriendo a la parte de afuera y fui tras de ella, decidimos irnos y no dijo una sola palabra en todo el camino por más que le preguntaba. Cuando llegamos a su casa nos recibieron sus papás, la notaron rara pero no dijeron nada, subimos a su cuarto y en eso pega un grito terrible al ver que en la pared estaba escrito con letras grandes y rojas ese nombre: Nidia. Yo lo vi, nadie me lo contó.

Por fortuna Teresa poco a poco se recuperó de su crisis nerviosa y me explicó que su abuelo siempre le contaba una anécdota sobre su primera novia, llamada Nidia, quien murió siendo muy joven. Teresa nunca se lo había platicado a nadie, ni siquiera a su mejor amiga, por eso se asustó tanto al salir ese nombre en la ouija y después de formarse en la pared de su cuarto; les repito yo lo vi. nadie me lo contó, quizás muchos no lo crean pero eso es algo que quedó en mi mente.


Aún hoy en día cuando cerramos los ojos tenemos pesadillas donde aparece ese nombre, o bien soñamos a una figura oscura que nos dice algo que no entendemos y lleva un papel que siempre suelta y nosotros en nuestro sueño recogemos y leemos lo que está escrito en ese papel. Son letras grandes de color rojo donde se puede leer: NIDIA. Por ello padecemos insomnio y nuestra mentalidad ha cambiado acerca de las cosas, aún no podemos recuperarnos de todo lo sucedido ese día, ojalá nunca hubiéramos jugado a la Ouija.

Es así como culmina el correo electrónico que recibimos en días pasados.el cual piden que lo publiquemos de manera anónima para preservar identidades. Ya que como comentario final nos dice que su amiga quedó recluida en un manicomio y la lectora aún tiene muchos problemas en su familia atribuidos a la experiencia de jugar con ese instrumento.